La metáfora no es un adorno: es una forma de pensar. Estas son las herramientas con las que el lenguaje dice más de lo que nombra.
Metáfora
Identifica una cosa con otra sin comparar: no adorna, piensa. Es un modo de conocer.
Tus manos son dos pájaros dormidos.
Símil
Compara explícitamente con «como», «cual» o «parece».
La tarde cae como una carta sin abrir.
Personificación
Atribuye cualidades humanas a lo que no las tiene.
El reloj se cansó de esperarte.
Anáfora
Repite una palabra al inicio de varios versos para crear pulso.
Volveré al patio, volveré a la lluvia, volveré a tu nombre.
Sinestesia
Mezcla sensaciones de sentidos distintos.
Un silencio amarillo cruzó la casa.
Hipérbaton
Altera el orden habitual de la frase para ganar música o énfasis.
De su casa el silencio me acompaña.
Oxímoron
Une dos términos contradictorios en una sola imagen.
Una alegría oscura me despierta.
Gradación
Ordena los elementos en intensidad creciente o decreciente.
Susurro, palabra, grito, incendio.
Apóstrofe
Se dirige directamente a alguien o algo ausente.
Ciudad mía, ¿quién te enseñó a olvidar?
Metonimia
Nombra una cosa con otra ligada a ella (la parte, la causa, el objeto).
Bebimos la casa entera aquella noche.